Hoy les dejo en "ESQUINITAS DOBLADAS, a un escritor argentino exponente de la literatura
hlspanoamericana del S.XIX : RAFAEL OBLIGADO.
Por la descripción de sus poemas ,pinceladas en versos,podemos desgranar la vida y
paisaje de ésa Argentina naciente.
El ámbito natural de los poemas del argentino Rafael Obligado (1851-1920) es la Pampa:
su paisaje, sus héroes, sus leyendas.
Bajo la influencia de la poesía francesa del XIX, expresó en sus versos su fervor nacionalista,
su amor al hogar, la familia y el terruño. La primera edición de sus Poesías es de 1885.
Espero lo disfruten.
Cariños
Daniela
LAS MUSAS

Vivaz, armoniosa,
Risueña y sonrosada,
El trágico coturno
Crujiéndole en las plantas,
Volcado el traje en opulentos pliegues,
La musa excelsa de los griegos pasa.
Batiendo entre las nieblas
Del Rin la veste blanca,
Tendidas al castillo
Las silenciosas alas,
Desciende, envuelta en claridad de luna,
La pensativa inspiración germánica.
Musa de los cantares,
Noctívaga inflamada,
Las cálidas mejillas
Como abiertas granadas,
La dulce Sulamita,olor de rosas
Por los viñedos de Engadí derrama.
Uniendo al alma antigua
Celeste voz cristiana,
Ya cante, en verbo de oro,
De amores o batallas,
Honra sus lares, mas trasciende mares,
La musa egregia de la madre España.
Ágil, robusta, llena
De esplendores el alma,
Cruzando aquí los llanos,
Trepando allá montañas,
–¡Ah ideal, nos grita, a las alturas!
La adolescente musa americana.
1890.Rafael Obligado
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LA FLOR DEL CEÍBO (leyenda poética)
FLOR NACIONAL
Tu "Flor de la caña",
¡Oh Plácido amigo!
No tuvo unos ojos
Más negros y lindos,
Que cierta morocha
Del suelo argentino
Llamada... Su nombre,
Jamás lo he sabido;
Mas tiene unos labios
De un rojo tan vivo,
Difúndese de ella
Tal fuego escondido,
Que aquí en la comarca,
La dan los vecinos
Por único nombre,
"La Flor de Ceíbo."
Un día - una tarde
Serena de estío -
Pasó por la puerta
Del rancho que habito.
Vestía una falda
Ligera de lino;
Cubríala el seno,
Velando el corpiño,
Un chal tucumano
De mallas tejido;
Y el negro cabello,
Sin moños ni rizos,
Cayendo abundoso,
Brillaba ceñido
Con una guirnalda
De flor de seíbo.
Miréla, y sus ojos
Buscaron los míos...
Tal vez un secreto
Los dos nos dijimos.
Porque ella, turbada,
Quizá por descuido,
Su blanco pañuelo
Perdió en el camino.
Corrí a levantarlo,
Y al tiempo de asirlo,
El alma inundóme
Su olor a tomillo.
Al dárselo, "Gracias,
Mil gracias!" - me dijo,
Poniéndose roja
Cual flor de ceíbo.
Ignoro si entonces
Pequé de atrevido,
Pero ello es lo cierto
Que juntos seguimos
La senda, cubierta
De sauces dormidos;
Y mientras sus ojos,
Modestos y esquivos,
Fijaba en sus breves
Zapatos pulidos,
Con moños de raso
Color de jacinto,
Mi amor de poeta
La dije al oído:
¡Mi amor, más hermoso
Que flor de ceíbo!
La frente inclinada
Y el paso furtivo,
Guardó aquel silencio
Que vale un suspiro.
Mas, viendo en la arena
La sombra de un nido
Que al soplo temblaba
Del aire tranquilo,
- "Allí se columpian
Dos aves", me dijo:
"Dos aves que se aman
Y juntas he visto
Bebiendo las gotas
De fresco rocío
Que absorbe en la noche
La flor del ceíbo".
Oyendo embriagado
Su acento divino,
También, como ella,
Quedé pensativo.
Mas, como en un claro
Del bosque sombrío
Se alzara, ya cerca,
Su hogar campesino,
Detuvo sus pasos,
Y llena de hechizos,
En pago y en prenda
De nuestro cariño,
Hurtando a las sienes
Su adorno sencillo,
Me dio, sonrojada,
La flor del ceíbo.
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La Pampa
III

La aurora es la belleza que deslumbra,
la juventud, el canto, la armonía;
la tarde es un ensueño en la penumbra,
el beso de la noche con el día.
La tarde de la Pampa misteriosa
no es la tarde del bosque ni del prado
es más triste, más bella, más grandiosa,
más dulce muere bajo el sol dorado.
Ni un rumor escucháis, ningún ruido
en la vasta planicie solitaria,
sólo un vago y dulcísimo gemido
como el ruego postrer de una plegaria.
Cual el perfume de la flor, abierta
a los besos del céfiro que gira,
el alma se desprende, flota incierta,
y con las ondas de la luz espira.
El cuerpo desfallece; la mirada,
como el ave en la mar, sin rumbo vuela,
sigue la nube errante, y fatigada
la paz profunda de la noche anhela.
Aspiráis de ese cuadro misterioso
una dulce ideal melancolía;
el corazón, latiendo silencioso,
parece que desmaya con el día.
Sentís volar a la memoria errantes
recuerdos de un dolor que no se nombra,
fantasmas y quimeras vacilantes
que corren a ocultarse entre la sombra.
Veis surgir, con el alma estremecida,
los seres que en el mundo habéis amado,
su sonrisa, su voz, su voz querida,
como un largo sollozo del pasado.
Llega la hora sublime.... aquel instante
en que la luz entre la sombra oscila,
en que el mundo desmaya suspirante
y el alma vuela a su Creador tranquila.
¡A ese instante de unción, no hay quien resista!
Eleva al ignorante, eleva al sabio
estático quedáis, fija la vista,
con el nombre de Dios sellado el labio...
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